jueves, 1 de diciembre de 2011

Lo contrario del miedo

Lo contrario del miedo es el amor, me dijo un sabio jesuita al que extraño porque lo mandaron al D.F. y tiene una agenda ocupada. Confieso que lo medité mucho antes de aceptarlo como idea. Si el miedo es la parálisis derivada de la creencia de que es mejor permanecer como se es o está por evitar los daños potenciales del cambio, entonces el amor es la acción que surge de la decisión de que, sin importar lo que pase, el cambio me permitirá obtener cosas mejores.

Raro, ¿no?

A mí me parecía rarísimo. Nunca, antes de esa conversación, había pensado en el amor en esos términos. Lo pensaba con todos los estereotipos y clichés que había adquirido después de tantas películas, conversaciones y sublimaciones. El amor es una acción no una parálisis. ¿Puede, quien ama, permanecer igual, sin cambiar, con miedo a lo que vendrá? Pensaba en Penélope y creía que ella era un ejemplo del amor paralizado. Pero Penélope sí hacía algo: destejía por las noches. El amor es un empujón a la acción porque es dinámico, crece, se mueve, alcanza, encuentra,... el que ama decide y decidir es una acción. El que tiene miedo posterga la decisión. El que ama se convence de que si sucede lo peor, al menos habrá intentado y algún aprendizaje obtendrá de la experiencia.

Nada de esto me convenció en un principio.

Estoy de acuerdo con aquella declaración de AMLO sobre la necesidad de una República del amor. Pero me parece altamente improbable pensar que un político, con este sistema y con esta forma de hacer campañas, puede en verdad prometer y cumplir construir una República del amor. Así que no le creo. Es una estrategia para convencer a los indecisos. Yo le pediría una República de rendición de cuentas e imperio de la ley. Con eso me conformo. Lo peor de la situación es que no tengo la menor idea de quien me parece mejor candidato. Sin embargo, para ese tema me imagino que habrá mucho tiempo en los meses venideros. Termino el paréntesis político y me disculpo.

Entonces, el amor es lo contrario al miedo.

¿Y qué amor será ese? ¿Será universal y por lo tanto aspiracional? ¿Es de pareja, paternal, maternal, fraterno, entre amigos? ¿De cuál será?

No me aventuraré a responder esas preguntas todavía (guiño).

Hoy me limitaré a escribir que ese amor es el amor propio.

Decido no tener miedo. Opto por comenzar a crecer, por aprender. El amor propio que no espera nada de mí mismo, con el que "me" soy paciente. Ése que al escogerlo me permite equivocarme y aprender. El que me da la oportunidad de no saberlo todo, sino irlo descubriendo; recordarme que soy proceso no terminado.

Me siento terriblemente cursi escribiendo de esto. Sospeché que ese sentimiento era quizá una expresión de lo tratado en la entrada anterior del blog. Acto seguido, tomé aire y escribí. Así es ciberlectores, lo admito. Creo que el amor es lo contrario al miedo.

La pregunta para después, entonces, ¿qué es amar?

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