Pensé que decidirme a escribir era más fácil. Ahora caigo en la cuenta que lo difícil es tener algo que decir. El camino más obvio es redundar, una y otra vez, en el tema de la inseguridad. O los precandidatos que, antes de empezar la campaña, ya son un tema choteado. Quizá otro tema común sea la Navidad y los propósitos de año nuevo. El punto es, no encuentro la motivación para escribir sobre alguno de los antes mencionados.
¿Qué puedo compartir?
Recientemente terminé de leer “The Wonderful Wizard of Oz” de L. Frank Baum. No fue una lectura difícil, tampoco llegó a la terna de libros que cambiaron mi vida, pero debo admitir que fue una lectura dulcemente placentera. Como un chocolate que sabe exactamente igual que todos los anteriores, pero que igualmente disfruto, así fue este libro. Lo leí porque, es uno de esos libros sobre los cuales todos sabemos algo y reconocemos sus metáforas (quizá clichés), y porque necesitaba leer algo ligero pero satisfactorio. Me gustaron las frases que, desde mi perspectiva y con mi bagaje, me resultaron casi inspiradas en humor negro. Como la del espantapájaros que ante la pregunta ¿Cómo es que puedes hablar si no tienes cerebro? Contestó: No lo sé, pero aún así, hay tantos que hablan sin parar incluso sin tener cerebro.
Me molestó un poco la Bruja buena que, sabiendo que podía ahorrarle el viaje a Dorothy, la hizo, de todas maneras, ir a la Ciudad Esmeralda. Lo sé, la enseñanza es que uno adquiere en el camino justo lo que necesita. Por ello, es más importante el camino que la meta.
El Espantapájaros era bastante inteligente antes de tener cerebro, el Hombre de hojalata era muy amable y considerado antes de obtener su corazón y, el León cobarde era muy valiente antes de encontrarse con el Mago fraudulento.
La cortina que cae y revela a un pequeño hombre que no era lo que todos pensaban me recuerda mucho (obviamente) a esas esperanzas que nos construimos y que, ante el más mínimo accidente (como el perro que tira la cortina) se muestran falsas.
Al final, es una historia de optimismo. Todos obtienen lo que deseaban: los pueblos oprimidos se liberan, el Mago fraudulento también se deshace de las cadenas que él mismo había creado, las brujas malas mueren, la buena sigue con su reinado, los protagonistas obtienen pueblos que gobernar, y Dorothy, finalmente regresa a casa, porque “no hay otro lugar como el hogar”.
En medio del letargo de la época de fiestas navideñas y con el hastío por los temas ya muy roídos, el Mago de Oz es una lectura recomendable. Un chocolatito decembrino que sigue después de muchos y, ciertamente, no será el último. Al menos hasta que todos reiniciemos el perene propósito de bajar de peso. Que así sean estos días, pequeños placeres que, aunque anticipados, cumplan su objetivo. ¡Felices fiestas!
Ahora el comentario Socio-Antropologico, traspolado a nuestra realidad actual.
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