Hoy cambiaré un poco de tema con el afán de ensayar la variedad. Aunque a final de cuentas, todos los temas son uno mismo y no hay nada nuevo bajo el sol. Aun así, ensayaré.
En una clase de psicología de hace ya varios años, la profesora nos dijo que el ser humano tenía solamente dos temores instintivos: el cambio repentino de suelo y los ruidos sorpresivos y fuertes. Terminó su idea diciendo que todos los demás eran miedos y, por lo tanto, eran aprendizajes posteriores. Esto me dejó pensando mucho en la diferenciación entre temor y miedo con todas las implicaciones que conlleva.
El miedo no es temor. Aunque sea artificialmente para rescatar la idea de mi profesora, aceptemos la diferenciación. El temor es el instinto ancestral guardado en el hipotálamo que nos advierte huir de una situación riesgosa o potencialmente dañina. El miedo es la decisión de creer, consciente o no, que algo nos provocará un daño.
El temor es instinto, irracional, nace de la supervivencia. Se limita a los cambios de piso y a los ruidos inesperados. El miedo es una creencia, con o sin evidencias, es razonado y, sobretodo, es pensar que hacer nada es mejor que lo que puede resultar de hacer algo. El temor nos hace huir del daño potencial, el miedo nos congela en una circunstancia que, aunque no es deseada, no es tan mala como salir del confort.
El miedo es, finalmente, una creencia aprendida. ¿A qué? A lo inesperado, lo desconocido, el cambio, nombrémoslo como mejor nos acomode. La pregunta más importante no es por qué le tengo miedo a algo, sino para qué lo hago.
¿Por qué tenía miedo de escribir este blog? Es absurdo, ahora que lo escribo, pero muy real para mí hace unos días. Más allá de ese miedo creo que yacen otros que iré descubriendo y dejando ir. Quizá sea el mismo pero con diferentes caras. Al final, es sólo la creencia inútil de que la existencia de alguien que lo haga mejor que yo, es suficiente razón para evitarme la "molestia".
¿Qué será lo contrario al miedo? ¿Será inútil en todos los casos? Si la zona de confort es tan cómoda, ¿valdrá la pena salir de ella? ¿Habrá otras formas de liberarse de los miedos además de tomar aire y lanzarse? ¿Será que la adrenalina que produce es un buen aliciente o mera adicción? ¿Podrá uno verdaderamente despojares de todos los miedos?
Seguramente estas preguntas dan tema de conversación para muchas horas. Por lo pronto, afirmaré que, ya en el pasado he descubierto otras creencias que no son muy útiles. Quizá esta sea una oportunidad de reforzar ese aprendizaje en particular.
PD: ¡gracias a mis 5 lectores! Hacen que este pequeño ejercicio de despojo de cosas inútiles sea muy gratificante ;)
Increible que la fuente y escencia del ser humano que es su mente. Su capacidad de razonar, de visualizar futuros, de resolver , sea tambien precisamente la que nos congela. Envidio aquellos que pueden volverse ciegos a las voces de su cabeza, que las pueden ignorar para evadir la paralisis. Pero admiro a aquellos como tú que en completa consciencia de lo que sucede son capaces de avanzar.
ResponderEliminar:D me sonrojas Melina!! jeje... muchas gracias por el comentario y por los empujones a la acción, jeje...
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